Calzada de Santa Catarina. Calle 3 Norte 200

La fundadora del convento de Sta. Catarina de Sena, el más antiguo de monjas de esta Ciudad, fue María de la Cruz Montenegro, viuda de Francisco Márquez. Compró parte de la manzana  que después la ocupó en su totalidad el convento, y vivió con sus tres sobrinas observando las reglas de los dominicos. Como fecha de la fundación puede considerarse el año de 1556, en que ya estaba bajo la dirección del prior de Sto. Domingo, que para ellas pidió una merced de  agua. Hacia 1603 compraron y cercaron los solares inmediatos hasta llegar a la linde de la fuente de Carrasco, impetrando la licencia de tomar su agua de la propia caja por la parte interior de los solares. En la lista de calles del primer Libro de los Censos (1584-89) se la llama  a la C. 3 N.-Sur Calle del Monesterio de las Monjas, sin distinción alguna, por ser todavía el único convento de mujeres.

Su patrona Catalina, hija de un tintorero de Sena, Toscana (Italia), nació en 1347, entró a los 2 años en la institución de las hermanas de Sto. Domingo, la que reformó; tuvo varios  revelaciones, que le dieron en breve gran celebridad; y compuso libros místicos. Hizo un papel importante en el cisma que estalló en 1378. Murió en 1380. Tiene la misma importancia para las dominicanas que Sta. Teresa para las carmelitas y Sta. Clara para las franciscanas.

Adorno que substituye la estampa de Sta. Catarina.

El convento de Sta. Catarina fue uno de los más ricos de la Ciudad. Había un número excesivo de criadas, 2 o 3 para cada religiosa.

Campanario de Sta. Catarina.

A fines del siglo XVI se cita en esta cuadra la puerta principal del convento. Hasta principios del siglo XVIII, la iglesia, como la mayor parte de los templos de esta Ciudad, estuvo techada de maderas labradas que llamaban de artesón, y cubiertas de tejas. En 1705 le pusieron bóvedas, cuidando la obra el maestrescuelas Diego Peláez Sánchez. (Fue medio-racionero en 1682, racionero en 1685, canónigo en 1693 y murió maestrescuelas en 1714). La estampa  colocada en la pared atrás del altar mayor, en la Av. 2 P. 300, y hoy substituida por un adorno arquitectónico con una cruz, se menciona en 1745 y 1861. La torre de la iglesia, la única torre de que hablan los Libros de los Censos, se cita en 1689 como situada en la Av. 4 P. 300. Probablemente se reedificó la torre en el siglo XVIII, pues, en 1787 y 1791 se hace mención del campanario, y la cuadra se la llama Calle de la Torre de Sta. Catalina en 1816; Calle del Campanario de Sta. Catalina en el padrón de tiendas (1816) y en 1841; “Calle de la Iglesia o Campanario de Sta. Catalina” en 1872. Calle de Sta. Catarina se dice en las Ordenanzas de Flon y en todos los padrones y planos. 

En toda la manzana del convento no había casas de habitación excepto la casa del sacristán. Sólo se arrendaban algunos bajos.

En la siguiente lista de los 11 conventos de religiosas, en orden cronológico, se indica el año de su fundación, el nombre de la congregación (ag.: agustinas, carm.: carmelitas descalzas, dom.: dominicas, fr.: franciscanas, fr. conc.: franciscanas concepcionistas), el número de religiosas en 1714, según Cerón Zapata, y en 1852, según la Guía.


Las superiores y las vicarias de las dominicas, carmelitas, agustinas y de S. Jerónimo se llamaban priora y subpriora, las de las franciscanas, concepcionistas y capuchinas abadesa y vicaria. El colegio de los Gozos y la Hermanas de la Caridad tenían una superiora.

Todos los conventos de religiosas, hasta las capuchinas, poseían varias casas en la Ciudad, las clarisas, por ej., 48 , aunque los franciscanos, así de S. Francisco como los descalzos de S. Antonio, observando rigurosamente su voto de pobreza, no tenían ningunas, excepción hecha de las obras pías de sus conventos y de la tercera orden.

La riqueza de los conventos disminuyó considerablemente desde las guerras de la independencia, en las que se devastaron sus haciendas, así como por la mala fe de varios de sus mayordomos. Sin embargo, el número de las religiosas decreció mucho menos que el de los frailes.

En cumplimiento del decreto del 5 de febrero de 1861 que reducía el número de los conventos de religiosas, el día 23 del mismo mes, las monjas de Sta. Catalina fueron sacadas de su convento y llevadas al de Sta. Clara; las de Sta. Mónica al ex-convento de Jesús María; las de Sta. Teresa al convento de la Soledad, que era de la misma orden carmelita; las de Sta. Inés al de Sta. Rosa, siendo los dos conventos de las dominicas; las de la Santísima al de la Concepción, ambos de franciscanas concepcionistas. Las religiosas capuchinas y las del Corazón de Jesús quedaron como antes. Luego, en la noche del 25 de diciembre de 1862, todas las monjas fueron sacadas de sus conventos. Pero pocos días después de la ocupación de la Ciudad por los franceses (el 17 de mayo de 1863), “volvieron a entrar las monjas Capuchinas, la Soledad, Sta. Rosa, S. Jerónimo y el Corazón de Jesús. Los otros 7 conventos, unos por vendidos y otros por deteriorados, no estaban en disposición de ser habitados, y por lo mismo, las monjas de Sta. Clara se fueron a S. Roque, las de Sta. Mónica a la Capilla de Jesús junto a S. José, las de Sta. Inés al colegio de Jesús María, las de la Santísima a la Casa de Recogidas en la Calle de la Sacristía de Capuchinas, las de Sta. Teresa a la esquina de las Calles de Belén y Venado, y las de Sta. Catalina a la Calle de Molina núm. 7.” Las de la Concepción volvieron a su convento en diciembre de 1864. El 2 de julio de 1865 las monjas catalinas se trasladaron al colegio de Jesús María, que dejaron las ineses para volver a su convento. El 6 de abril de 1867, después de la toma de la Ciudad por el Gral. Porfirio Díaz (2 de abril), todas las religiosas fueron exclaustradas.

Sin embargo, volvieron a ocupar parte de sus conventos las monjas de Sta. Catalina, de Sta. Mónica y las capuchinas, instalándose en las casas Av. 4 P. 303, Av. 18 P. 101 y 103, y C. del 16 de Septiembre 904, todas inmediatas a sus respectivos templos, hasta que en 1934 tuvieron que abandonarlas definitivamente. 

Habiendo salido del convento de Sta. Catalina las religiosas en febrero de 1861, se abrió el Callejón de Mendoza.


 

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