Calle de Santa Mónica. Calle del 5 de Mayo 1600

En la relación de la Calle de las Recogidas referimos la historia de la Casa de Recogimiento de María Magdalena, cuyo edificio, sito en la acera Poniente de esta cuadra 1600, convirtió el obispo Santa Cruz (1676-99) en un colegio de niñas vírgenes nobles, por corresponder así mejor a la intención irrealizable de los fundadores, que era de erigir un asilo de mujeres casadas. La autorización para el colegio de parte de la Santa Sede llegó en 1682. Ya en 1680 habían entrado las primeras colegialas, sin que el instituto tuviera un nombre, el que, según el padre Torres (1714), se buscó echando la suerte. Tres veces salió el nombre de Sta. Mónica, con disgusto del obispo, pues esta santa (332-387), la madre de S. Agustín, no había vivido ni virgen ni en clausura. Más tarde, el prelado pensó en transformar el colegio en convento de religiosas agustinas recoletas o de rigurosa observancia, lo que se verificó en 1688. El convento era probablemente el único en Puebla, en que se entraba sin ningún dote, gracias a la liberalidad del fundador. En los demás monasterios de monjas, los dotes eran tan elevados que sus réditos bastaban para costear la manutención de cada religiosa, quedando, después de su muerte, el caudal en poder del convento.

La mencionada tradición relativa al sorteo de la patrona no la conoce Cerón Zapata (1714), aunque debía de estar sumamente bien informado, porque su padre adoptivo Jorge Cerón Zapata, alcalde en 1647 y escribano mayor y de Cabildo, había destinado en su testamento para la construcción de la iglesia de Sta. Mónica $50.000, y su estatua arrodillada se ve todavía en la pared Oriente del altar. Abajo ¿hay una leyenda pintada que reza: “A la memoria muy grata del varón magnifico Jorge Zeron de Zapata con cuyas riquezas se levantó este sagrado templo. Las hijas de Santa Mónica han procurado ynstaurar este monumento. El día 10 de octubre de 1841.”

También el corazón del obispo se encontraba “depositado en una vasija de cristal que estaba incrustada en el muro derecho del coro bajo de la iglesia del convento, a cuyas religiosas lo donó en su testamento, símbolo del profundo afecto que las tenía”. Al pie de su estatua, frente a la de Zapata, se lee: “el Exmo e Ylmo. Principe Sor. D(octor) D(on) Mai (por: Manuel) Fer(nández) D(e) Santa Cruz(,) de las virgenes de S. Agustin moderador y padre(,) aqui calla. Pero sus piadosas muy agradecidas hijas por si y por la Ciudad de los Angeles hablan con este monumento. 10 octubre de 1841"

Las noticias de los Libros de los Censos confirman los datos de la fundación. En 1676 se menciona todavía en la cuadra del hospital de S. Bernardo (S. Juan de Dios) “el Recogimiento de Sta. María Magdalena”, en 1683 “el colegio de Sta. Mónica”, pero en 1695 “el convento de Sta. Mónica”.

En los estribos del templo se ven 5 emblemas de los agustinos: un corazón flechado, una mitra, un libro, un báculo, y un templo con dos torres que es una alegoría de la Iglesia Católica, cuyo sostén contra las herejías fue S. Agustín, a quien, por eso, representan teniendo una iglesia en la mano.

Respecto a la cofradía de la Cinta establecida en el templo de S. Agustín (véase pág. 102), agrego que ya existía en el siglo XVIII (1750).

Veytia dice que el establecimiento ocupaba media manzana. Según el padrón de 1832, estaban en esta cuadra 1600, junto al templo, la casa para el padre capellán y otra de las religiosas, que poseían también las 4 primeras casas (núms.2-8) de las 8 que hay en la Av. 16 P. 100 (Bellas). En la Av. 18 P. 100 (Sacristía Sta. Mónica) sirvió la primera “al sacristán y al secular” seguían 5 casas del convento, sólo la última (núm.13) era propiedad ajena, lo mismo que las casas de la Calle de Muñoces.

San Agustín.

La cuadra se titula Calle de Sta. Mónica en las Ordenanzas de Flon (1796), el padrón de 1832, en 1885 y en el siglo XX. En los planos de Ordóñez (1849) y de Careaga (1856-1883) el nombre es Calle de S. Juan de Dios, igual al de la cuadra anterior 1400, y el mismo debe restituirse en los planos de la Guía (1852) y de Ponce (1856), donde erradamente se puso "Recogidas", por haberse suprimido el nombre de la Calle de la Alcantarilla (1000).

En 1863, poco antes de la ocupación de la ciudad por los franceses, se celebró el siguiente contrato. El gobernador Gral. Jesús González Ortega y el vicecónsul de los Estados Unidos, Marcos Otterburg, como representante de la Sociedad para el Alumbrado de Gas, convinieron en que la sociedad instalaría el alumbrado de gas dentro de tres años, colocando 600 -750 faroles que quedarían encendidos en el verano de las 7 de la noche hasta las 5 de la mañana y en el invierno de 6 a 6, exceptuando las noches del cuarto creciente al cuarto menguante de cada luna. La fábrica se instalaría en el ex-convento de Sta. Mónica, y se hipotecarían en favor de la Sociedad el Palacio Municipal y alhóndiga, las iglesias de S. Agustín y Sta. Mónica. Por gas se entendía entonces el producto de la resina del pino, llamado también líquido o esencia trementina, aguarrás. Se quemaban en lámparas especiales. (En la ciudad de México se estableció esta clase de alumbrado en 1849: costaba el doble del de aceite, hasta entonces usado; el contrato se hizo con una sociedad en la que figuraban, a más de Arbeu, norteamericanos. Los faroles primero se colocaban en pies de gallos, desde 1866 en el centro de las calles, sostenidos por tiradillos de alambre.) En Puebla no se estableció el alumbrado de gas o trementina sino en 1884, colocándose al año siguiente columnas de hierro con sus faroles en las calles centrales. Entonces había aquí 6 fábricas de gas, situadas todas en el Norte de la Ciudad, porque la resina se traía de la Malinche, como hoy todavía carbón y leña. Una de las fábricas estaba efectivamente en la casa núm. 1 de esta Calle de Sta. Mónica, en un lote del antiguo convento, 3 en la Calle de S. Antonio, las otras 2 en las Calles del Petatillo (Maneyro) y Cascabeles (Humboldt). En 1896, cuando se estableció el alumbrado por luz eléctrica, estrenada en 1888, subsistió una sola fábrica de gas, Calle de Arco Chico núm. 12 el servicio del alumbrado de gas en los barrios.

La primera planta eléctrica se instaló en 1888; estaba en la acera Norte de La Calle de Nopalito, en la manzana que hoy pertenece a la Compañía de Luz y Fuerza; de combustible servía primero leña, después carbón de piedra. La segunda planta, la primera hidroeléctrica, fue construida por la empresa formada por Sebastián Mier (véase C. E. Tamariz) en un punto llamado Chavarría o Echeverría, al Sur de la Ciudad, a la orilla del río Atoyac. El agua del mismo río se utiliza en la tercera planta, la de Portezuelo, al Norte de Atlixco. Hoy la fuerza viene principalmente de Tuxpango (Orizaba).

Un nuevo servicio de luz eléctrica se inauguró en 1905. Los primeros candelabros de 5 focos que ahora hay en las calles principales, se pusieron a fines de 1910. 

Acerca del alumbrado público en la época colonial tenemos las siguientes noticias. “Primero, escribe Veytia, intentó el gobernador Esteban Bravo de Rivero (1763-71) establecer la iluminación de las calles con faroles de vidrio en las ventanas y balcones, que tuvo poca subsistencia por la gente ruin y mal entretenida, que los hacía pedazos a pedradas.” El combustible era aceite. El sucesor de Rivero, José Merino y Cevallos (1771-77),“colocó en las esquinas de firme unos braseros de cantería en que se pusiesen teas, pero tampoco tuvo efecto por los zánganos y vagabundos”. Más tarde se citan dos faroles en la Plaza Pública, que en 1821 se substituyeron por tres farolas, y no hasta después de la consumación de la Independencia, en 1823, quedó establecido definitivamente en las calles el alumbrado de aceite, que en México existió desde 1790.

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