Calle del Rastro. Avenida 2 Poniente 700

La puerta reglar (falsa) del colegio de los jesuítas de S. Ildefonso se menciona como sita en la acera Sur de esta cuadra en 1700, 1706, 1722, 1737, 1742, y aún después de la expulsión de los religiosos (1767), en 1795 y 1818. La cuadra se llama Calle de la Puerta Reglar del Colegio de S. Ildefonso en 1781 y 1784. También hallábase aquí la huerta del Colegio, citada en 1780 y 1787. Como privilegio especial habían concedido a los padres, antes de 1746, el derecho de matar en sus propios rastros, establecidos en los colegios del Espíritu Santo y de S. Ildefonso, los ganados que criaban en sus numerosas haciendas, y vender la carne al menudeo. Un expendio se hallaba en esta calle. un tercer rastro particular era el del Hospital de S. Pedro donde se sacrificaban los carneros cuya carne se destinaba para los enfermos. El rastro de S. Ildefonso, ubicado en esta cuadra, se menciona en 1754, “la carnecería y puerta reglar de S. Ildefonso”, en el propio año. “La puerta falsa o rastro de S. Ildefonso” escriben en 1772. 

La cuadra se titula Calle del Rastro de S. Ildefonso en 1753, 1778, 1779, 1794 (“cabecera del Rastro de S. Ildefonso”) y 1818. Veytia (1780) la llama Calle del Rastrito de S. Ildefonso; y simplemente Calle del Rastrito dicen en 1807 y 1825. Desde el padrón de 1791 y las ordenanzas de Flon (1796), el nombre corriente es Calle del Rastro.

Durante la época colonial el rastro principal de la Ciudad siempre se titulaba el Matadero. En los primeros años se hallaba “entre el cauce del río de S. Francisco”, tal vez entre las Avdas. 4 y 6 Oriente, donde después se construyeron los Rastros del Carnero (véase C. Tornos). No conociendo los indígenas ni vacas ni carneros ni cerdos, tuvo que llamarles la atención el uso que los españoles hacían de los intestinos para la fabricación de salchichas y mondongo. Por eso se podría suponer que el nombre de Cuitlaxcolapan que en algunos ‘Anales’ aztecas se da a Puebla y que significa “junto al agua de las tripas” (cuitlaxcolli ‘tripa’, atl ‘agua’, pan ‘en’) fuera posterior a la fundación de la Ciudad y que se refiriera al matadero primitivo. Dice Cerón Zapata (1714): “Cuitlaxcolapan se interpreta ‘lugar donde lavan tripas’, porque allí se arrojaban, en los ojos de agua de que abunda este paraje, las de los hombres que sacrificaban los tlaxcaltecas idólatras.” El autor de la ‘Cartilla Vieja’(1781) da una explicación semejante a la nuestra, pues, tratando de la otra forma del nombre, la comúnmente usada, y la cual se halla ya en el códice intitulado ‘Introducción de la justicia en Tlaxcala’ (1531-32,  véase pág. 318), dice: “Cuetlaxcoapan ‘río de cuero’, fue nombre que los indios dieron a la nueva población respecto de las curtidurías que los españoles pusieron.” Esta etimología no es aceptable, pues no explica el elemento co, que proviene del coatl ‘serpiente’, debiendo traducirse ‘río de culebras de pellejo’ (cuetlaxtli). Otra denominación del sitio, según Torquemada (1615), fue Huitzilapan ‘río de los colibrís’. Según el mismo franciscano, los nombres de Huitzilapan y Cuetlaxcuapan son anteriores a la fundación de Puebla. (Un barrio de Izúcar (Matamoros) se llamaba Cuitlaxcoac o Cuitlachcoac.)

En 1546 se trasladó el rastro municipal, llamado el Matadero de la Vaca, al Ojo de Santiago (véase C. Colonia), y se utilizó hasta fines de 1812. Pues un decreto del intendente del Llano, fechado el 14 de enero de 1813, reza: “A consecuencias del considerable descubierto que han sufrido los fondos del abasto de carnes por la pérdida de sus ganados y caudales en la insurrección de la Tierra-adentro, por el robo de más de 1000 carneros que en los ejidos de esta Ciudad ejecutaron los bandidos…..Se concede libertad absoluta a todo el que quiera matar y vender carnes en esta Ciudad…. La Nobilísima Ciudad mantendrá dos tablas para la venta de toro y carnero.” Al mismo suceso alude un documento del año anterior (1812), donde leemos: “…al paso que asombra la pérdida de $41.794, debe lamentarse igualmente que después de ese desfalque tan considerable para los fondos públicos en unas circunstancias que en beneficio común debían estar íntegros para sus urgencias, no haya tenido el público la satisfacción de alimentarse con carnes buenas y abundantes, sino antes bien, con flacas, desabridas y caras…” En 1814 la Ciudad arrendó el ex-Matadero. Edificio y terreno, sir- viendo desde entonces de rancho, conserva- ron el antiguo nombre.

Para la matanza de carneros había rastros especiales. Según un acuerdo de 1580, no debía matarse chivatos en la Ciudad, sino solamente “de la otra parte de la tenería de Juan Barba” (C. 2 S. 1500, Mota). Se instaló entonces el Rastro del Carnero en la C. 7 S. 700 (Calavera), y en el siglo XVII otro, ubicado entre la acequia y el río de S. Francisco (C. Torno). A principios del siglo XIX existía un rastro en la Calle de Raboso (1805).

Desde 1813 hasta 1849 no había rastro público. Las reses y los carneros se sacrificaban en las carnicerías, los marranos, como siempre, en las tocinerías. Pero parece que por esos años, si no antes, había un rastro en el barrio de S. Matías (véase C. 2 de Abril e Industria). Sólo en 1820 dicen en su ocurso unos peticionarios: “…se nos ha notificado por el señor Juez de carnes que la matanza de carneros la verifiquemos en la casa fabricada para este fin, extramuros de esta Ciudad en el barrio de Santiago”, refiriéndose, según parece, al antiguo matadero. En 1849, por el peligro amenazante del cólera, que al año siguiente, en efecto, asoló a la Ciudad, se acordó establecer “un rastro o casas de matanza” afuera de la población. Provisionalmente se dió la licencia de matar el ganado en los suburbios a ciertos particulares, que se sometieran a los reglamentos entonces acordados. Así es que en 1852 encontramos una casa de matanza establecida en el molino de S. Francisco. Desde 1856 la casa de matanza estuvo en la Calle del Destierro, de donde, en 1887, se trasladó a la antigua Plaza de Toros (Av. 7 Or. 400). Allí, por primera vez, se sacrificaba no sólo ganado vacuno y ovino, sino también el porcino. La distinción que hoy todavía se hace entre tocinería o expendios de carne de cerdo, y carnicerías o expendios de carne de res, es un resto de la costumbre de matar los marranos en las casas particulares (véase C. Bonilla).

Desde 1910 la matanza estuvo a cargo de la Casa Empacadora, empresa particular, establecida en la acera Sur de la Calle de Hernández. En la actualidad el establecimiento es propiedad de la Ciudad, pero no el terreno. Su nombre corriente y que hoy se usa también oficialmente, es Rastro. 

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