Conforme a la traza general de la Ciudad, la Plaza recibió la forma de un rectángulo oblongo. Pero esto no agrado a los vecinos, y lo corrigieron, construyendo los portales de la Audiencia en la línea de la calle, pero los otros dos en el terreno de la Plaza. En el cabildo del 9 de julio de 1537 se dijo: "...que la Plaza es una de las cosas que han de estar puestas en razón e cuadra, porque es general, es que haciendo los portales (del Ayuntamiento) en la Plaza queda la Plaza fea, por estar trazada prorrogada, es que por esta causa es justo que se hagan dentro de los solares (del Concejo)". Y así acordaron.
Llamaron a la Plaza en los primeros años el Tiánguiz (en azteca: tianquiztli 'mercado' derivado de tiamiqui 'vender'). Por ej. escriben en 1535: "...un solar cabecero de la calle que va de Sto. Domingo al Tiánguez." En 1537 Pedro Gallego nahuatlato (intérprete del idioma náhuatl o azteca) fue nombrado alguacil para le "tiánguiz". El conocimiento de la lengua mexicana era indispensable para ese oficio, porque los naturales eran los únicos vendedores, y a principios del siglo XVII se prohibió expresamente que hubiera "españoles fruteros en la Plaza". Al mismo Gallego se le eligió almotacén o inspector de las pesas y medidas de la Ciudad. En 1545 se acordó que el pan y el biscocho se vendieran únicamente en la Plaza. Para que "la gente de la Plaza" pudiera oír misa, había allá la capilla de S. Miguel, mencionada en 1561, y más tarde la capilla municipal encima del callejón, que comenzó a servir desde 1591. "Se hace en la Plaza de esta Ciudad un mercado y feria todos los jueves de la semana", dice Torquemada (1615), agregando que se venden "en especial aves así de Castilla como de la tierra". El jueves se menciona como día de mercado en 1649 y 1860, y lo ha quedado hasta hoy. En 1714 escribe Cerón Zapata; "Las ferias o mercados, aunque todos los días no falta lo que se busca en la Plaza Mayor, los jueves y los sábados de todas las semanas se unen concurriendo de los pueblos cercanos, y aún de 20 lenguas, a expender las mercancías de tejidos criollos, jarcias y frutas en tanta abundancia, que suelen muchas veces volverse con lo mismo que trajeron." Hoy el segundo día de mercado no es el sábado, sino el domingo.
También se vendía ropa en la Plaza. Un "Joseph de Coco, con ropa es un puesto de baratillo", se cita en 1744. En 1764 el gobernador Esteban Bravo de Rivero (1764-71) quitó de la Plaza los puestos que antes usaban los vendedores con sombras de petates o esteras, como hasta hace poco se las veía hechas de manta en la Plazuela del Parral, y estableció cajones de madera, ordenándolos en calles. En la noche del 7 de enero de 1796 se incendiaron "9 cajones delanteros y 14 traseros", situados junto al Portal de las Flores (Morelos), frente al Sagrario. El intendente Flon, imitando el ejemplo dado por el virrey Revillagigedo (1789-94) en México, trató de desembarazar la Plaza del mercado, edificando el Parián para los baratilleros y cajones de ropa (1801-3). Sin embargo, "costó mucho trabajo limpiar diariamente, por medio de carretones, la Plaza de las inmundicias que causaba la mucha gente que concurría a ella", como escriben en 1814. Por lo tano se ordenó en 1816 que hubiera mercado en la Plaza solamente el jueves y el sábado, los otros días en las Plazuelas de Sta. Inés, el Montón y los Sapos. Respecto al siglo XVII sabemos que en 1629 se decretó que se tuviera mercado los miércoles en la Alameda (Pl. de S. José), y según Cerón Zapata (1714), antiguamente lo había habido los lunes en la Plazuela de S. Agustín.
Desde 1854 se construyó el nuevo mercado en la huerta del convento de Sto. Domingo, y a este mercado se transfirió la denominación de la Plaza y hoy se entiende por la Plaza únicamente el Mercado de la Victoria. Por la misma razón dicen 'plaza' en vez de 'mercado' en varias poblaciones mexicanas.
Hacia 1556 el corregidor Luis de León Romano condujo el agua a la Plaza y construyó la fuente, que al año siguiente (1557) terminó el alcalde Francisco Reynoso, poniendo bajo las armas de la Ciudad la inscripción "Esta obra comenzó y acabó Francisco Reynoso, siendo alcalde". Empero parece que ya se hubiera puesto una fuente en 1548. La nueva era de construcción ochavada, de cantería, con sus tazas y gradas. En 1586 recibió más agua por los manantiales nuevamente encontrados, y en 1599 se mandó empedrar un círculo alrededor de ella y arreglar la pila para que desaguara, como al principio, en otros dos depósitos que había junta a ella. En 1718 se la reedifico y adornó con pilastras. Estaba junto al Portal hoy de Morelos, según los primeros Libros de los Censos, y en 1689 se escribe: "Portal de las Flores, frente de la pila de la Plaza Pública". En el mismo lugar la vemos en el plano de 1754.
En 1777, esa fuente fue sustituida por otra, llamada de San Miguel a causa de la figura de arcángel que la corona. La pusieron en el centro de la Plaza, según Veytia, pero en los cuadras del siglo XIX parece estar más al Poniente. También el mercado ocupó al menos en el siglo pasado, según los cuadros y otros testimonios, la parte occidental de la Plaza. La fuente fue quitada en 1873 por la ampliación del jardín, y en 1878 la colocaron en la Plazuela de S. Francisco.
En la época virreinal, la Plaza era también el lugar donde, frente a la Audiencia, se ejecutaban las sentencias de este tribunal. En los primeros años estuvo aquí la picota de madera, en la que se exponía a los reos a la vergüenza. Pero ya en 1535 mandaron quitarla. En 1573 se ordenó, como se practicaba ya antes en México, que se trasquilara públicamente en el mercado al indio o mulato que se emborrachara por segunda vez. En el plano de 1754 se nota que en el centro de la Plaza de levantaba la horca, armazón sostenido por cuatro palos; de la misma forma era la horca de la Plaza Mayor de México, donde subsistieron horca y picota hasta la segunda mitad del siglo XVIII. En la demostración popular, motivada por la llegada de las remisoriales relativas a la canonización de Palafox, el populacho poblano prendió fuego a la horca y quemó la puerta de la cárcel (1729).
En la Plaza misma o en el atrio cerca de la puerta de la Catedral, se hacían las funciones teatrales en los siglos XVI y XVII, continuando la costumbre medioeval. En 1596, por ej., acordó el Cabildo eclesiástico: "...hágase fiesta y comedia en la Octava (8 días después) de Corpus." Aunque originalmente se representaban en esa fiesta autos religiosos, no se observaba siempre la misma práctica en los tiempos posteriores, prefiriéndose comedias profanas. En 1644 se dijo en una sesión del Ayuntamiento que para el día de Corpus "se han hecho dos comedias a lo divino, que se han de representar el dicho día y octava a la puerta de la Iglesia Catedral delante de la custodia del Smo. Sacramento, como se ha acostumbrado y acostumbra y como se ha hecho siempre de tiempo inmemorial, y para que esta fiesta tenga todo complemento, al alcalde mayor le parece bien se envíe recado al Exmo. Sr. Dr. Juan de Palafox y Mendoza... y al Cabildo (eclesiástico), suplicándoles se sirvan de honrar a esta Ciudad (Ayuntamiento), asistiendo a dicha fiesta como lo han hecho siempre". El alférez mayor Jerónimo Pérez Salazar entregó el recado, y el obispo contestó "que su dictamen era de no oír comedias, ni que el Cabildo eclesiástico ni otro ninguno de sus clérigos las oyesen, por parecerles entretenimiento de que no resulta provecho a las almas, y que habiéndolo así dado a entender a sus feligreses, no era justo aplaudir con asistir lo que repugnaba, ni tampoco consentir que en la parte que estaba señalada por sagrado de la iglesia, se hiciesen tablados, ni se pusiesen otros ningunos asientos, ni que la custodia había de quedar en la puerta... y que sólo sentía que, siendo la Plaza tan grande, se pusiesen los tablados cerca de la iglesia".
Un siglo más tarde, en 1765, reinando Carlos III, el monarca progresista, se adhirió todo el clero español al dictamen del gran obispo poblano, prohibiendo todos esos autos seudosagrados, de manera que aquella clase de literatura dramática ha desaparecido en España tan completamente que allá existen pocos manuscritos de autos populares.
En la Plaza solían hacerse también las corridas de toros. Por esta razón la fuente no se puso en el centro, sino a un lado. La Ciudad, escriben en 1551, tenía de Su Majestad la merced de que "todos los indios que vivieren dentro de sus términos, ayudasen en los enramamientos y aderezos de las calles que hacen el día de Corpus, en las procesiones del Jueves Santo, y en hacer las barreras y traer las garrochas y varas en las fiestas de esta Ciudad". Igualmente en 1661 se hace constar que "el gobernador de los naturales de esta Ciudad tiene que poner las barreras en la Plaza Pública para los toros". En el siglo XVII había en el actual atrio de la Catedral un edificio con balconería de hierro de donde los canónigos veían las corridas. Sabemos que ya en 1557, entre las festividades que se hicieron por la jura del rey Felipe II, "hubo en la Plaza Pública copia de toros que se lidiaron e juego de cañas con libreas", ejecutado por los vecinos de la Ciudad. El papa Pío V (1566-72), por un breve especial, autorizó las corridas. Según una ordenanza de 1621, los carniceros tenían, obligación de proporcionar los torosy entregarlos encerrados en los dos toriles de la Plaza; y les permitían vender la carne de los toros que murieran en las corridas. La mejor prueba de la gran afición que tenían los poblanos a esta diversión, es que durante las festividades de la consagración de la Catedral se lidiaron toros en cuatro días, el 25, 26, 27 y 29, de abril de 1649 exceptuando el día 28, por ser domingo. Pero el obispo Palafox siempre se retiró del balcón del Cabildo eclesiástico antes de esa parte del programa. La costumbre de hacer corridas en la Plaza Mayor el día de S. Miguel, 29 de septiembre, duró hasta 1722. Más tarde se habla de corridas en la Plazuela de S. José y en el Coliseo. El primer edificio especial, llamado también Plaza de Toros, se construyó en 1841, en la Calle del Padre Ávila.
Otras diversiones de los poblanos a las que se prestaba la Plaza Pública, a más de las ya citadas cañas, un juego de caballería era: 1a. las máscaras, 2a. los gigantes, 3a. la tarasca. 4a. los combates de moros y cristianos o el castillo.
1o. Las máscaras consistían en comparsas de vecinos disfrazados que representaban personajes históricos, mitológicos o bíblicos, dioses de las religiones primitivas o alegorías, como las virtudes y vicios. En 1647, durante las ausencias de Palafox, los jesuítas organizaron mascaradas para desprestigiar al prelado, "con horribles disfraces, con abominables posturas y con otros indecentísimos modos", cantando: "Hoy con gallardo denuedo se opone la Compañía a la formal herejía." En la fiesta de la consagración de la Catedral (1649) hubo una máscara de los 98 reyes que, empezando por los godos, habían reinado en España.
En 1666 "se hizo una mascarada indecentísima en que sacaron en estatuas al conde virrey y a la condesa, su mujer, en forma de que se hacía justicia de ambos, con pregón de muchas y grandísimas injurias, haciendo paseo por las calles, siendo actualmente virrey y por consiguiente ofendiéndose a su Majestad, cuya imagen representaba, con atroz delito, siendo tan público". Probablemente se debió esta irritación de los ánimos al destierro infligido injustificadamente el año anterior al obispo Osorio que, siendo gobernador de la mitra de México, se había opuesto, en 1664, enérgicamente a la alteración del orden de la procesión de Corpus Cristi, intentada arbitrariamente por el entonces virrey Conde de Baños, quien en seguida fue destituido y reemplazado por el obispo poblano. El conde se vengó, calumniando al prelado en Madrid (véase C. Zaragoza y Palafox).
2o. Los gigantes, unos 5 metros de alto, representaban las cuatro partes del mundo y figuraban en las procesiones y otras festividades, aún en 1787.
3o. La tarasca, figura de dragón, que se sacaban en la procesión del Corpus, se cita en 1588, porque el Cabildo no la pagó a Bartolomé de la Peña, pero le cedió 3 solares atrás de la ermita de S. Pablo. Otra tarasca se estrenó en 1616, día de Corpus. Una tarasca en México tenía 7 cabezas (1701).
4o. En 1619 se hizo en la Plaza "un castillo de madera a cuero y carne, con su chapitel (torre puntiaguda), foso y dos fuerzas, para que se combatiere uno de los días de las fiestas por una compañía de soldados". Según el dibujo que se conserva, tenía forma cuadrada. En las festividades de 1649 "se fabricó un castillo en la principal de la Plaza con su foso y revellines (fortificaciones exteriores) y sobre cuyo combate lidiaron unas fronteras de indios disfrazados de chichimecas y otras naciones con sus arpones y carcajes, emulando en las varias pieles de sus vestidos diferentes formas de animales, de tigres, águilas, leones y otros montaraces, y algunos con trajes españoles, acaudillados de nuestro patrón Santiago". (Santiago es aún hoy el protagonista de los bailes de los campesinos.)
Existe la descripción de un castillo que se construyó en Orizaba durante los festejos celebrados por la exaltación del pueblo al rango de villa (1774). En medio de una plaza de toros "se colocó un elevado castillo de tres cuerpos, por remate una media naranja con el pabellón y media luna africana, hermoseando esta perspectiva columnas jaspeadas, frisos y cornisas de orden dórico, con tres corredores de balaustres y pasamanos también curiosamente pintados". En las noches se iluminaba. Los turcos emplazaron a los españoles para otro día. El Gran Señor o Gran Turco se paseaba en un carro triunfal, con cautivos a pie. Los doce españoles atacaron el castillo guarnecido por los moros que dispararon 8 piezas. Hechos prisioneros los moros, siguió un combate entre el Gran Señor y el Príncipe Cristiano, hasta que se rindió el primero, tomando posesión del castillo el segundo.
A la llegada del virrey Montes Claro (1603), representó en Puebla un hidalgo el Gran Turco.
Distinto era los fuegos de artificio, igualmente en figura de castillo.
"Una sortija se corrió" en 1606, por el nacimiento de Felipe IV (1605-65).
En la ceremonia de la jura del rey, a la ascensión al trono de un nuevo soberano, se llevaba, según las Ordenanzas de 1787, el pendón real enrollado de la casa del alférez mayor al tablado erigido en la Plaza Pública, el alférez lo desarrollaba y decía tres veces: "Castilla, Nueva España, por el Rey, D(ómino) N(uestro), Nuestro Señor." Delante de las Casas Reales (Ayuntamiento) y en el Palacio Episcopal se había una ceremonia parecida, regresando después a la casa del alférez mayor.
De una jura del siglo XVII tenemos la siguiente descripción: "En la festividad de Sta. Isabel, día 2 de julio, del mismo año (1666) fue la jura en solemnidad del reino de don Carlos II. La Función se verifico en el tablado que se puso en la Plaza, adonde concurrieron ricamente vestidos todos los caballeros, haciendo cabeza el alcalde mayor don Anastasio Coronel y Benavides. Luego que se colocó en el lugar respectivo el cuadro del Rey, se arrojó al pueblo mucho dinero, y en Palacio fueron nombrados para alférez don Francisco Fernández de Salazar, para gobernador don Blas Galicia, para alcalde de S. Francisco, Gaspar Miguel, y para regidor Miguel de los Santos (los últimos cuatro naturales)."
En 1760, el gremio de platería erigió un obelisco o pirámide, como entonces se decía también, inmediato a la antigua fuente, en el centro de la mitad oriental de la Plaza, con motivo de la exaltación al trono de Carlos III (1759-88).
Según la descripción publicada en 1763, se componía de tres cuerpos. El zócalo de cantería tenía 1 3/4 vara (1,55 m.) de alto y 5 varas (4,2 ms.) en cuadro. La base tenía 4 varas (3,4 ms.) de alto y 3 varas (2,5 ms.) en cuadro, con 4 escudos ovalados de tecali con inscripciones en sus 4 fachadas. La altura del obelisco propiamente dicho era de 23 varas (19,3 ms.). En su cúspide estaba la estatua pedestre del rey, 2 1/3 varas (2 ms.) de alto. La altura total del monumento era de 31 varas (26 ms.). Se concluyó el 4 de noviembre, día de S. Carlos de 1763 y costó $1900. Las inscripciones, compuestas en un estilo ampuloso y obscuro, era las siguientes.
La inscripción de la fachada Poniente:
“Carlos Borbonio
| Hoc nomine Tertio, | nulli vero virtute secundo,
| Utraque Sicilia relicta | Hispaniarumque, et Indiarum | Regi salutato | pro sua dignitate | ARGENTARII
| testem fidelitatis, gratitudinis testem | Lapi-
dem hunc | fama, honore, gloria | monimentum amoris amplissimum | vovent | pridie
CI : I
: CCLXIII”
En castillo: A Carlos de Borbón, tercero de este nombre, pero a nadie inferior en valor, quien abandonó el reino de las Dos Sicilias y fue proclamado rey de las Españas e Indias, dedican los plateros por su dignidad esta piedra, un testigo de su fidelidad, un testigo de su gratitud, como el amplísimo monumento de su amor, (para aumentar) su fama, honra y gloria. A 4 (o: “3”) de noviembre de 1763.” (Carlos III, quinto hijo de Felipe V (1700-1746), primero fue rey de Nápoles y Sicilia, pero a la muerte de su hermano Fernando VI (1746-59), abandonó esos Estados para recoger la corona española.)
“Nobiliori Numini radijs ut splendescat nobilioribus Suos nomine major Dicatus ascendit Obeliscus Carolo Borbonio devotus quidni sese erigeret? Et certe quo assurgit altius eo propius regios ad pedes accedit: scilicet amat ab his coronari; merito sui efficitur voti compos, ut in imagine videre est, quae ejus supra capitulum obsequij, gratulationis, plausus Corona est.”
En castellano: “Dedicado a la deidad más noble, para que brille con rayos más nobles, más grande por su nombre, se levanta este obelisco, consagrado a Carlos de borbón. ¿Y por qué no se elevaría? Por cierto, cuando más alto se levanta, tanto más se acerca a las plantas del rey. Sin duda gusta estar coronado por ellas; con razón alcanza su deseo, como puede verse en la imagen, que, colocada encima de su capitel, es su corona de obediencia, congratulación y aplauso."
La inscripción de la fachada Oriente:
“Pyramidem Hanc oblivionis vindicem, memoriae testem, amoris pignus, aere suo Argentariam facientes erexere. Oblivio fugiat, et elingue marmor notis bene coelatis Hoc omnium oculis palam explicet C(arolus) B(orbonius H(ispaniarum) et I(ndiarum) R(ex).”
En castellano: “Esta pirámide, vengadora del olvido, testigo de la memoria y una prenda de su amor, la erigieron los plateros. ¡Huya el olvido, y el mudo mármol, con sus letras bien esculpidas, declare esto ante los ojos de todos: ¡Carlos de Borbón, rey de las Españas e Indias!"
La inscripción de la fachada Sur:
“ARGENTARIAE ARTIS | hoc unum opus | miro artificio, munificencia mira | et elaboratum et erectum | stat. | Artificis manum, | liberalitatem artis. | Urbis ornatum, | gloriam CAROLI | jactat, predicat, ostentat, commendat.”
En castellano: "Elévase esta obra única del gremio de los plateros, labrada con admirable arte y erigida con admirable liberalidad. Celebra, predica, ostenta y recomienda la mano del artífice, la liberalidad del gremio, el ornato de la Ciudad y la gloria de Carlos.”
Epigrama I.
“En veterem Carolo renovat Rhodos altera molem
Urbeque in Angelica fama Coloson habet.
Stat super archetypon CAROLI, ceu Solis imago,
Elato cuius sub pede fulget humus.
TE, CAROLE, accingant, te lucibus astra coronent,
Ut novus inde novo Phoebus in orbe mices."
En Castellano: "He aquí que una segunda Rodas renueva la antigua mole en honor de Carlos, y la fama tiene su coloso (también) en la Ciudad de los Angeles. Se eleva la imagen de Carlos, lo mismo que encima del coloso original la imagen de dios Sol, bajo cuyo pie levantado brilla el suelo. ¡A tí, oh Carlos, ciñante los astros con sus luces, para que brilles en adelante como un nuevo Febo en el Nuevo mundo!"
Epigrama II.
“Astra super tollant quamvis miracula Memphim,
Hoc uno Memphis capta pudore silet.
Pyramis haec CAROLO fama sublimius illa,
Et Pharia culmen celsius arce parat:
Jactet opus Carolo famam potuisse mereri,
Jactet et a CAROLO promeruisse decus."
En castellano: "Aunque a Menfis la elevan sus maravillas sobre los astros, por esta sola obra Menfis está vencida y calla avergonzada. Esta pirámide proporciona a Carlos una cumbre más alta que aquella celebrada obra, y más elevada que la torre del Faro. ¡Jáctese la obra de haber podido alcanzar fama para Carlos, jáctase de haber merecido su adorno de parte de Carlos!"
En estas inscripciones se alude a varios monumentos de la antigüedad. A las Siete Maravillas del Mundo pertenecían la pirámide de Queops cerca de Menfis, el Faro de Alejandría y el Coloso de Rodas. El último era una estatua gigantesca de Apolo o dios del Sol, colocada en la entrada del golfo de esa isla griega (290 a. de J.C.), lo mismo que hoy la estatua de la Libertad en el puerto de Nueva York. En Roma el emperador Nerón (54-68) erigió una estatua de sí mismo que tenía 35 metros de alto y era de bronce, llamada el Coloso. El emperador Vespasiano (69-79) reemplazó la cabeza de Nerón por la del dios Sol, y el anfiteatro que construyó inmediato al coloso, recibió el nombre de Coliseo. Al inaugurarse éste, lo celebró el poeta Marcial en un poema que empieza: "Barbara Pyramidum sileat miracula Memphis!, y en el cual lo compara con las Siete Maravillas. Bermúdez de Castro cita ese poema en su descripción de la torre de la Catedral, y lo imita el segundo epigrama. En 1724 se erigió un obelisco en Zacatecas para celebrar la exaltación al trono del rey Luis I. En la Plaza Mayor de México levantaron un pirámide, en 1747, cuando la proclamación de Fernando VI. Era una columna alta con su pedestal y el busto del rey en el remate. Se la quitó en 1790. En la misma ciudad, el gremio de los plateros costeó los arcos triunfales y adorno de iluminación en la Calle de los Plateros, en 1761 con motivo de la proclamación de Carlos III, y en 1790 por la de Carlos VI.
En la Base del obelisco de Puebla se puso después una lápida conmemorativa de la jura de la Constitución de la monarquía española de 1812, Constitución que se efectuó en esta Ciudad el de junio de 1820, habiendo triunfado las Cortes por segunda vez. El juramento de la Independencia se hizo en la Plaza Principal de Puebla el 5 de agosto de 1821. En 1825 el Congreso Local decretó que se pusieran en la cúspide del obelisco las armas de la República, el águila nacional. Y en los cuatro lados inscripciones relativas a los siguientes acontecimientos: El grito de Dolores por Hidalgo, el 16 de septiembre de 1810; la entrada del ejército trigarante en Puebla, el 2 de agosto de 1821; la jura de la Constitución general, el 4 de octubre de 1824; y la jura de la Constitución del Estado, el 7 de diciembre de 1825. En 1837 se proyectó trasladar "el pirámide" al nuevo Paseo de S. Javier, y en 1842 el obelisco fue derribado y provisionalmente depositado en el edificio de S. Javier. Luego pensaron en erigirlo como monumento a la Inmaculada Concepción, primero en el atrio de la Catedral (1852), y en 1856 en la Plazuela de Guadalupe, destinándose el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen, de 1857 para su inauguración. Parece que los sucesos políticos impidieron la ejecución del proyecto.
En substitución del obelisco, se comenzó a levantar, en 1843, en el centro de la Plaza una estatua ecuestre, vulgarmente titulada el Caballito de Troya, un caballo en que montaba una figura femenina, llamada la América. El monumento se ve en un grabado del plano de Careaga de 1863. El acta del cabildo del 1o. de agosto de 1853 trata de la "reposición de la estatua que está en el centro de la Plaza". Entonces se le puso en la mano derecha un medallón elíptico con el busto de Santa Anna. En 1855, después de la caída del dictador (en agosto), el gobierno manó "reponer la parte maltratada de la estatua ecuestre colocada en el centro de la Plaza". Luego pusieron en el pedestal de la estatua una lápida de la Constitución de 1857, que fue quitada por los conservadores durante la guerra de Tres Años (1858-60), pero repuesta por acuerdo del Cabildo del 15 de febrero de 1861.
Para el 16 de septiembre de 1827, cuando se celebró por primera vez el aniversario de la Independencia, se erigió, bajo la dirección de José Manso, en la medianía del Portal de la Audiencia (Hidalgo), un tablado en forma de un templete. No solamente tenemos de él una descripción minuciosa, sino que también se conserva en la biblioteca del Colegio del Estado un grabado que lleva la leyenda: "Templete con que decoró la plaza Mayor de la Puebla en la solemnidad del 16 de septiembre de 1827, dedicado a la junta patriótica de dicha Ciudad, como primero..."
En los cuadros de la Plaza de hacia 1842 se ve que está rodeada de bancas de mampostería, unidas por cadenas; subsistieron hasta por el año de 1878. Las cadenas, cuyo paradero se ignoraba en 1881, se guardan todavía en una bodega del Colegio del Estado. En uno de los citados cuadros se notan algunos arbolitos. En una descripción de 1844 se dice: "En el centro (de la Plaza Principal) hay una especie de atrio, rodeado de una banqueta, con unos asientos con su respaldo de una banqueta, con unos asientos con su respaldo de fierro, que son mandados construir por el actual gobernador Gral. D. Isidro Reyes, el que asimismo ha reunido fondos para colocar en el centro una estatua ecuestre, que está fundiendo ya el aplicado joven Olivares."
Desde 1854 desapareció el mercado de la Plaza. En 1856, según el plano de Ponce, había hileras de árboles en los cuatro lados. En 1869, después de la caída del Imperio, se comenzó el jardín actual. Los asientos de hierro se pusieron por 1872-83.
En lugar de la estatua se hizo una plataforma de construcción redonda, de unos 29 metros de diámetro, con gradas de 7 escalones en los cuatro lados, en la que tocaba la banda, pero originalmente fue destinada para un monumento a la Independencia. Recibió el nombre de el zócalo, que se daba también a una construcción parecida en México,. acerca de la cual escriben en 1867: "En años pasados se puso la primera piedra del monumento consagrado a la Independencia. De aquí nació el zócalo que se encuentra en medio de la Plaza, la banqueta cuadrada exterior y las cintas que sirven del pasillos."
Una descripción de la Plaza de Puebla de 1877 dice: En su centro "hay un jardín,. cuyo paseo ameno matemático hay un jarrón, alrededor 4 asientos de mampostería y 12 faroles. Dentro del cuadro hay fuentes con 16 faroles; alrededor 24 asientos de hierro, 32 de mampostería, 56 cadenas en los intermedios y 62 faroles. Todos los asientos tienen balaustre de fierro y de mampostería."
El quiosco en el centro de la Plaza obra de Eduardo Tamariz, substituyó el zócalo. Lleva en su lado Sur la fecha de "1882"; fue estrenado en 1883. El quiosco del costado Poniente de edificó por la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza. La Estación de Camiones México-Puebla, frente al Portal Morelos, se hizo en 1926.
Durante la época colonial, la Plaza de designada con los nombres de Plaza Pública, Plaza y Plaza Mayor. Plaza Pública dicen siempre en los Libros de los Censos, aún en 1836, y con preferencia en las actas de Cabildo. Las otras dos denominaciones las usan los historiadores: Cerón Zapata (1714), Bermúdez de Castro (1746) y Veytia (1780). Plaza Principal se escribe en 1563, en la maqueta más antigua, en el plano de Almazán (1863), en una acta del Cabildo de 1880 y en 1896. Plaza Mayor la llaman hasta en 1872. 'El Jardín de la constitución en la Plaza de Armas" se cita en 1885. Plaza de la Constitución se dice en los planos de Carrasco (1902) y de Soto (1915), y actualmente en los programas oficiales de fiestas cívicas.
Respecto de la plaza principal de México refiere Marroqui, que tomó el nombre de Plaza de la Constitución el año de 1813, por disposición de las Cortes Españolas, a consecuencia de haberse jurado en ella la Constitución política de la monarquía española, promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812. Para conmemorar este acto, se puso en aquella plaza, también por mandato de las Cortes, como se puso en las plazas de todas las ciudades, villas y pueblos de la monarquía, una lápida que decía: Plaza de la Constitución. En la plaza de Querétaro se erigió una estatua de la Constitución por el año de 1820, al restablecer la Constitución por el año de 1812. De la lápida correspondiente, colocada en el obelisco de Puebla, hemos hablado más arriba.
En la plaza de Cholula, oficialmente denominada de la Constitución, hay dos pilastras, consideradas como la antigua picota y por eso llamadas en una descripción moderna (1912) 'Teilpiloyan'. Una de éstas, está recientemente colocada. El remate de la otra forma una pirámide octagonal que antes estaba en las casas consistoriales. En la parte superior de ella hay una inscripción azteca, muy antigua, y en la base se lee: PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN PR|OCLAMA|DA EN 19 | DE DICBR|E DE 1812”. Esta fecha es inexplicable, pues la Constitución fue promulgada en México el 30 de septiembre de 1812, y el 4 de octubre la juró el pueblo en todas las parroquias. "Diciembre" es, pues, un error por 'marzo', y la pilastra se erigió en 1820.
El nombre más corriente del siglo pasado y que se daba a la plaza principal de todas las poblaciones de la República, era Plaza de Armas. Así dice Peña (1835), y así escriben en la citada acta del Cabildo de 1861 que trata de la reposición de la lápida de la Constitución de 1857, en los planos de Ponce (1856) y de Rivera (1862), en 1871 y 1872, en la inscripción de la fuente de S. Miguel (1878) y en los planos Careaga (1856-1883).
En el siglo XX se emplean las denominaciones oficiales de Jardín Principal, Jardín Central, Parque Central, y en 1919 Parque Juárez, llamándose, en cambio, Jardín de la Constitución al antiguo Jardín Benito Juárez frente a la estación del Ferrocarril Mexicano.
Hoy todos dicen el Zócalo, nombre que en los almanaques de Mendizábal aparece por primera vez en 1905: "Parque Central, vulgarmente del Zócalo". Un hotel titulado El Zócalo, Portal de Morelos 12, se cita en 1902.
La Av. 3 Or. I se denomina Costado de Catedral en Camarillo (1921).
respec











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