Calle del Rio de la Madre. Avenida 4 Oriente 800-1000

“La puente de la cequia” (acequia), al extremo Poniente de la cuadra 800, se cita hacia 1680. A fines del siglo XVIII se estableció a la orilla del río de S. Francisco, entre las Avdas. 4 y 6 P. 800, en el lugar donde un siglo antes se habían hallado los rastros del carnero (véase C. Tornos), una pulquería, cuya dueña fue María Gertrudis del Castillo y Salazar, “conocida por la Madre”. Esta pulquería, “que llaman de la Madre”, se menciona desde 1794. Era un jacalón en una “isleta”. Generalmente, “las pulquerías eran inmensos jacales, cuyos techos de dos aguas, en forma de caballete y hechos de tejamanil (tablillas delgadas de oyamel), descansaban en pilares de madera o piedra. Se levantaban en las plazuelas, apoyando su lado principal en un alto muro, de manera que por los tres lados restantes ofrecían grandes vanos sin puertas. El piso era de tierra apisonada, y ante el expresado muro se hallaban armazones de madera gruesa, los que sustentaban los barriles del pulque.” Después se modificó la forma, pues un decreto del prefecto de Puebla de 1843 dice: “El mostrador de las pulquerías se situará en el umbral de la puerta, ajustado enteramente a los laterales, de manera que no se puede entrar.”

Doña María, la Madre, era una señora bastante acomodada, que poseía, además de la pulquería, la casa núm. 16 de la Calle de los Mesones, situada entre los mesones del Cristo y del Roncal, y otra casa en la Calle de Chihuahua.

Uno de sus competidores inmediatos fue el mismo rey de España, que tenía un jacalón o puesto, en que se expendía el “pulque blanco”, situado en la acera Sur de la Av. 2 Or. 600, también a la orilla del río, junto al Puente del Toro (Motolinía). Su Majestad lo daba en arrendamiento (1784). Encargado de recaudar las contribuciones impuestas al pulque era el administrador de las reales alcabalas, pulques y marchamos. (Esta última voz, de origen árabe, significa ‘señal o marca que se pone en los bultos en la aduana’, pero se usaba también en el sentido de ‘derechos de aduana’.) Dicha pulquería del rey está relacionada con un decreto de 1631 en que se ordenó “que en cada ciudad se señalasen tiendas de las que en Castilla llaman de abacería y en las Indias de pulpería (tienda mixta) o pulquería, para que las licencias y aprovechamientos fuesen de su Majestad y tuviesen cierto privilegio”. 

En Puebla, desde principio, se distinguió entre tabernas y pulquerías, las primeras, donde se vendía vino, para los españoles, y las segundas exclusivamente para los naturales. Como providencia contra la embriaguez se ordenó en 1563 y de nuevo en 1574, que las tabernas se permitieran sólo en ciertas manzanas inmediatas a la Plaza Pública (Zócalo), para su mejor vigilancia. En 1615 se añadieron la Calle Real del Alto (véase C. Puente Nochebuena) y la C. 9 N.-Sur, entre las Plazuelas de S. Pablo y S. Agustín, "en atención a los españoles que allí vivían". El establecer tabernas en los barrios de los indios fue estrictamente prohibido, así como venderles vino o miel de caña, ni por dinero ni por prendas. En cambio se les permitió en 1615 el pulque, que se les había prohibido en 1574, naturalmente sin éxito alguno. Esta bebida nadie más que los puros indios podían venderla, y había de ser pulque blanco y sin raíz u otra mezcla, pues tenían la mala costumbre de agregarle cierta raíz para aumentar sus propiedades alcohólicas. (Otra raíz se conocía que, mezclada a la miel de cañas o guarapo, la convertía muy rápidamente en aguardiente.)

Según un despacho del virrey Conde de Revillagigedo (1746-55), del 9 de julio de 1753, "...sólo se ha de permitir la venta del pulque en los jacalones públicos, y construidos según ordenanza, sin que con pretexto ni motivo alguno se consienta en casa particulares y en parajes ocultos, como se ha practicado en tiempo de los asentistas, por los graves inconvenientes que se siguen de este desorden." Al mismo tiempo se arreglaron las garitas, en las que se pesaba el pulque, pagándose un real por cada arroba. Hasta en 1824, en que la provincia de Puebla se transformó en Estado, "se introdujeron las pulquerías al centro de la Ciudad, estando antes en los portales (dichos jacalones) en los suburbios de ella". Aún hoy día no deben establecerse pulquerías en las calles céntricas.

En efecto, las pulquerías que se mencionan antes de 1824, todas están situadas afuera de la traza de la ciudad propiamente dicha, que no llegaba hasta la orilla del río de S. Francisco, considerándose como barrio la acera Oriente de las Calles 6 y 8 Norte, 6 Sur y 4 S. 700-1300, la antigua doctrina de los jesuítas. En el norte marcan el límite las pulquerías de la Orilla, al Noreste de la Plazuela de S. José (C. J. Padrés), del Arco Chico (Av. 18 P. 300) y del Arco Grande (Av. 16 P. 500); en el Poniente, las de la Canoa (Av. 14 P. 900), del Nopalito (Av. 8 P. 900) y de los Locos (Pl. Parral, Av. 7 P. 900); en el Sur, la del Pino y la del Gato (Av. 15 P. 300); en el Oriente, las del Navío (Av. 9 Or. 400), del Árbol (C. Barranca, Av. Or. 1000),  “de Su Majestad” (Av. 2 Or. 600), de la Madre (Av. 4 Or. 800) y de México, junto al Montón (Av. 12 Or. 400, véase C. Marqués). En Analco había además “el puesto o jacalón del Jardín” (1784); en el Alto, el jacalón junto al Puente de Nochebuena, y varios seguramente en Santiago (véase C. Colonia). En 1831 se citan como pulquerías ubicadas afuera de la zona central las del Árbol, la Orilla, S. Ramón (al parecer, la del Nopalito), el Cuernito (probablemente en el local de la antigua taberna del Cuernito, que dió su nombre a la Av. Ayuntamiento 1200), el Arco Chico y el Jardín.

En 1835 pertenecía la pulquería de la Madre a Irinea Villafañe, dueña, también ella, de varias casas, pero en 1843 ya no existió. El sitio quedó primero vacío, después se instaló en esta Rinconada del Parián (C. Factor), un “bañadero de bestias” (1852), que en 1866 había desaparecido. En el terreno se edificó ya antes de 1860. Al mismo tiempo, poco antes de 1854, se abrió esta Av. 4 Or. 800, que hasta entonces estaba cerrada, probablemente por parte de la pulquería. El puente debe de haberse construido a fines del siglo pasado, cuando el antiguo Estanque de los Pescaditos se transformó en la Colonia Industrial. Un nuevo puente se hizo en 1930.

Respecto a dicho Estanque de los Pescaditos agregamos que en la maqueta más antigua está figurado como una manzana cerrada, sembrada de árboles que rodean uno a dos pequeños edificios, llevando pintando el nombre de Tanque de los Pescaditos. 

La cuadra se titula: Calle del Río en las Ordenanzas de Flon (1796); Calle de la Pulquería de la Madre en el padrón de 1832 y en los planos de Ordoñez (1849), de la Guía (1852) y de Ponce (1856); Calle de la Pulquería en el plano de Almazán (1863); Calle de la Madre en los planos de Careaga (1856-1883); Calle del Río de la Madre en 1885 y desde 1908 en los planos y nomenclaturas, faltando una denominación en el Croquis Azul. 

Esquina del Parián dicen a la acera Norte en 1824. En 1860 se designa la cuadra por el Bañadero de Caballos. En el padrón de 1902 el nombre es Calle de Porfirio Valderrain (o “Valderrain”), que Camarillo y Nieto citan como el antiguo. 

El brigadier Porfirio Valderrain, natural de Sinaloa, amigo de Porfirio Díaz y oficial de su Estado Mayor, vivió en Puebla largos años como jefe del 15° batallón, y “supo captarse las simpatías de nuestra sociedad”. Su esposa era de la familia de Eduardo Tamariz. El general murió en 1890. Entonces se dió su nombre al quiosco del Paseo Hidalgo. 

Aunque en Puebla los nombres de calles formados con la palabra río, son muy recientes, es una costumbre antigua y muy conocida, así en este país como en otros, designar las diferentes partes del curso de un río con nombres especiales. El Río Atoyac, por ej., lleva esta denominación sólo en su curso superior; en su parte media se llama Río de Mescala, y hacia su desembocadura, Río de las Balsas. El afluente del Río de S. Francisco se designa por Río de Xonaca, de Nochebuena, de los Remedios y de Azcué. Según Carrión, fueron los nombres antiguos del Río de S. Francisco: Río de Xochimehuacán y Almoloya, debiéndose el primero al pueblo de S. Pablo Xochimehuacán, situado al Norte del rancho de Sta. María, y cerca del cual un brazo del río toma su origen. 

El segundo nombre le vino por el manantial que brotaba a su orilla en la paseo Hidalgo. Río de Almoloya escribe en 1830. Motolinía, hacia 1542, le llama el río y el arroyo de los Molinos. En los primeros Libros de los Censos, desde 1584, se leen las siguientes denominaciones: el Río de S. Francisco, el arroyo de S. Francisco, el arroyo de los Molinos y el arroyo de los Molinos del Río de S. Francisco. A fines del siglo XVII escriben “el arroyo de los Molinos que es el Río de S. Francisco”, de lo que se infiere que entonces el término ‘arroyo de los Molinos’ ya había caído en desuso. La parte superior del río se designa por Río de S. Antonio en 1735, 1746, en el padrón de 1782, en 1788, y aún en 1901. A la parte media dicen Río de S. Roque (Av. Ayuntamiento) en 1823. El curso inferior se llama “Río de Analco, que pasa junto al molino del Carmen”, en 1794. Para posibles nombres aztecas véanse C. Rastro y Tornos. 

Como nombres de calles se usan en el siglo XIX: Calle del Río de Molino de S. Francisco (Av. 12 Or. 600); Calle del Río de la Madre (Av. 4 Or. 800); Calle del Río de S. Jerónimo (Av. 7 Or. 400); y Calle del Río del Navío (Av. 9 Or. 400). Por estas adiciones se distinguen las diferentes Calles del Río, llamándose así a las últimas cuadras de las Avenidas donde no había puente; exceptuando el nombre de la Calle del Río (Rinconada. Av. 3 Or. 1000), que carece de especificación.

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