Calle de Santa Teresa. Calle 2 Norte 600-800

Tres señoras que, llegadas de España, desde 1585 vivían en Veracruz, habiendo perdido sus parientes varones, esposos o hermanos, pero contando con bastantes fondos, se reunieron en la casa de una de ellas, Ana Núñez de Montalbán, y obtuvieron del obispo de Puebla Diego Romano (1578-1606), a cuya jurisdicción pertenecía ese puerto, el permiso de que su casa fuera recogimiento voluntario de mujeres, obligándose a guardar castidad y clausura. Les vino el pensamiento de fundar un convento de carmelitas descalzas con la regla de Sta. Teresa de Jesús.

Esta santa, cuyo nombre civil era Teresa de Cepeda y Ahumada, nació en Ávila, Castilla Vieja, en 1515. De una grave enfermedad nerviosa se vió curada por intercesión de S. José. Entrada en la orden de carmelitas descalzas, la reformó completamente. Es autora de varias obras místicas, escritas en un estilo perfecto que se considera por "el tipo más perfecto del lenguaje familiar de Castilla". Murió en 1582.

Con el fin de establecer un monasterio de su regla, las señoras, en 1601, se trasladaron a Puebla, donde alquilaron una casa cerca del templo de S. Marcos, que entonces estaba en construcción y del cual, así como de algunos solares contiguos, les hizo donación el obispo, después de haber llegado, en 1604, la autorización de la Santa Sede. El convento que recibió  la advocación de S. José se instaló en la casa que formaba la esquina de la C. 9 N. 1 a la Av. 2 P. 700 (donde hasta 1921 estuvo la Casa de Corrección), la cual habían comprado. Por ser muy retirado el sitio, adquirieron una casa en el lugar en que hoy está la iglesia de Sta. Teresa, trasladándose hacia allá en 1607. El templo dedicado a S. José y terminado en 1626, “está sentado sobre una lonja o cementerio que en 1777 solaron de nuevo de laja de cantería, y sobre este atrio tiene dos puertas que forman su fachada, mirando a Este, y en la misma  situación y calle está la portería”, escribe Veytia en 1780. En los nichos de las dos portadas “están colocadas sobre dos puertas las imágenes de la Santísima Virgen del Carmen y el Sr. S. José, que son de piedra de villería”, se dice en una descripción de 1732. 

Como “convento de religiosas carmelitas descalzas, advocación del glorioso patriarca Sr. S. Joseph”, se lo menciona en 1703 y 1749; en una parte de la acera Poniente de esta cuadra estaba la cerca (1739).

Después de la fundación del convento de la Soledad, también de carmelitas descalzas, en 1748, el monasterio de Sta. Teresa se llamaba frecuentemente, lo mismo que por la propia razón el correspondiente en México, el de Sta. Teresa la Antigua (1795) o el convento antiguo de Sta. Teresa (1796).

Al monasterio pertenecía, según el padrón de 1832, sólo la mitad Oriente de la manzana. En esta C.2 N. 800 estaba “el convento y habitación de su mandadero”. En la Av. 10 Or. 1 (Horno del vidrio) poseía las 3 casas inmediatas, núms. 21-17, entre las 7 que hay; la última, núm. 17, se destinaba para el capellán. Las casas núms. 14 y 12 de la Av. 8 Or. 1 (Mesón Sta. Teresa), situadas entre el templo y el mesón, se habían unido para servir igualmente al capellán. Las otras 5 casas de esa calle y las de la Plazuela de S. Luis eran propiedad ajena. Pero en el plano de 1754, un patio con una cruz en el centro, junto a otro del convento, está marcado en el extremo occidental de la manzana, lindando por el Norte con la plazuela.

Respecto del escudo de las carmelitas agregamos que la figura del áncora parece una interpretación reciente, pues en grabados antiguos la cruz descansa sobre un cerro. 

Las cuadras se llaman Calles de Sta. Terresa desde las ordenanzas de Flon (1796). En 1790 se designa la cuadra 600 por ‘Calle 4a. de Mercaderes o Calle de Sta. Clara”. Según la regla establecida en las ordenanzas, la cuadra en que está el templo, carece de número, figurando la cuadra 600 como Calle 1a. en las ordenanzas y el padrón de 1832. En el siglo XX se cuenta en el mismo sentido, sólo se designa la cuadra 800 por Calle 1a. y la cuadra 600 por Calle 2a. En los planos del siglo XIX se cuenta en el sentido inverso, observando el principio seguido en la numeración de las Calles de Mercaderes, etc., que no se refieren a un edificio (véase C. S. José).

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